Haití: Un pueblo, una deuda, una historia que merece ser contada.

Haití, o Saint Domingue, como se conocía entonces, era la colonia más lucrativa del Caribe. Vastas plantaciones producían grandes cantidades de cultivos comerciales: azúcar, café, ron, algodón y añil. Durante el sXVIII fue líder mundial en la producción de cada uno de ellos. El total de las exportaciones a Francia superaba el total de las exportaciones de las 13 colonias americanas a Reino Unido. En 1789, el 60% del café de Francia y Reino Unido y las tres cuartas partes del azúcar del mundo procedían de Saint Domingue. En 1790, la población de Saint Domingue ascendía a más de medio millón de habitantes de los cuales los esclavos representaban más del 80%. Se estima que cada año se importaban 30.000 nuevos esclavos para sustituir a los que morían.

A finales de la década de 1780, las insurrecciones de los cimarrones, combinadas con la agitación de los mulatos para conseguir derechos equiparables a los blancos, ejercieron una presión sin precedentes sobre los colonos blancos. Con la Revolución Francesa los esclavos y mulatos esperaron nuevos aires, sin embargo cuando fueron conscientes que todo iba a seguir igual es cuando estalló la revolución que desembocó en la República de Haití. En esta revolución también participaron españoles, británicos y franceses donde cada uno de estos bandos intentaba conseguir el apoyo de los revolucionarios para lograr el control del territorio. Los futuros haitianos siguieron una lealtad cambiante entre los distintos países.

Otro apunte a tener en cuenta es que cercano al periodo de la revuelta, llegaban a los puertos haitianos unos 500 barcos estadounidenses, y tantos eran los intereses que ya se tenían en Haití, que al estallar la insurrección en 1791 Estados Unidos envío 750 mil dólares para la protección de sus civiles. Por tanto queda claro la importancia de Haití para las potencias del momento.

Francia intentó recuperar Haití para lo cual envió una fuerza expedicionaria francesa, dirigida por un cuñado de Napoleón (LeClerc), en la mayor flota naval que jamás haya navegado hacia América, siendo derrotada. Los rebeldes victoriosos declararon la República de Haití el 1 de enero de 1804. Haití fue también el primer estado moderno fundado por negros, el primero en abolir la esclavitud y sigue siendo el único estado fundado y sostenido por esclavos que ganaron su libertad por la fuerza de las armas.

En 1806 se produjo una crisis de exportación, ya que Francia, España y Estados Unidos prohibieron el comercio con Haití, que se quedó sin mercado para sus exportaciones pues los países temían que la situación haitiana se extendiese a sus territorios. Se prohibió a los barcos y a los ciudadanos haitianos entrar en puertos extranjeros. A fines de ese año se restablecieron los vínculos con Inglaterra y los Estados Unidos flexibilizaron sus medidas de bloqueo, a cambio de fuertes concesiones.

Sin ser reconocida por Francia, en 1824 el país exigía el pago de indemnizaciones por 150 millones de francos a la República haitiana y también que se redujeran a la mitad las tarifas aduaneras de los productos franceses. El 17 de abril de 1825, el presidente haitiano Jean-Pierre Boyer firmó la Ordenanza Real de Carlos X que prometía a Haití el reconocimiento diplomático francés a cambio de una reducción del 50% de los aranceles sobre las importaciones francesas y una indemnización de 150 millones de francos, pagadera en cinco plazos anuales. La indemnización compensaría a los plantadores franceses en efectivo por sus propiedades perdidas, tierras y esclavos, aunque la cantidad exigida superaba las estimaciones de sus pérdidas reales en 50 millones. El acuerdo se firmó con la presión de una flotilla de barcos de guerra franceses que navegaba en los alrededores, con órdenes de bloquear el país si las negociaciones fracasaban.

El primer pago de 30 millones venció el 31 de diciembre de 1825 y Haití tuvo que pedir prestado el dinero a un banco francés como indicaba la Ordenanza firmada. La operación estuvo tan bien orquestada que representantes de la banca francesa que asistieron a las negociaciones de la Ordenanza empezaron a idear este plan de préstamos simultáneamente con la aceptación de Haití de la indemnización. Es decir, ya se sabía que Haití no podría realizar los pagos. Así, el préstamo del banco francés Ternaux Grandolpe et Cie fue el que inició la deuda del país.

Ese primer préstamo incluía un principal de 30 millones de los que el banco dedujo automáticamente 6 millones en concepto de comisiones. El impacto de la carga de la deuda afectó inmediatamente a los haitianos de a pie mediante una serie de políticas fiscales para generar ingresos con los que pagar la indemnización. Todas fracasaron.

Para el segundo pago se necesitó un segundo préstamo. Esta vez, los banqueros franceses (este Rothschild no era el británico) Lafitte Rothschild Lapanonze, que también habían adquirido la primera deuda, proporcionaron el capital. Haití volvió a pedir un préstamo de 30 millones, pero acordó el pago en 35 cuotas anuales de 6,5 millones, lo que suponía un reembolso total de 227 millones durante la vida del préstamo. Haití no pudo completar los pagos de indemnización programados y dejó de pagar. La economía haitiana, devastada por la guerra y aislada desde hace tiempo de los mercados de exportación, no podía generar suficientes ingresos para respaldar la deuda. Los intentos de hacerlo mediante la sobreproducción y los impuestos a los cultivos comerciales crearon una espiral viciosa.

Por las mismas fechas se calcula que las importaciones a Haití de Estados Unidos llegaban al 45% de los productos, las francesas el 21% y las británicas el 30%. En 1851, aún sin ser reconocida por Estados Unidos, la República haitiana recibía más productos estadounidenses que México

En 1834, y en preparación de las renegociaciones, el gobierno francés encargó al bufete de abogados Dalloz, Delagrange, Hennequin, Dupin, Jeune y otros que revisaran la Ordenanza original. El informe de Dalloz declaró ilegal dicha Ordenanza responsabilizando al propio gobierno francés de las pérdidas de los colonos por haber renunciado a la soberanía de Saint Domingue. Además, el informe consideró que el gobierno francés era culpable de haber firmado un acuerdo que sabía que Haití no podía cumplir. En 1838, las negociaciones concluyeron con el Traité d’Amitié (Tratado de Amistad). El nuevo tratado revisó el saldo restante 60 millones, pagaderos en 30 cuotas anuales. Al igual que en los casos anteriores, los préstamos de los bancos franceses designados financiarían los pagos con comisiones exorbitantes y la marina francesa se aseguró de que Haití aprobase el acuerdo desplegando buques de guerra frente a sus costas durante la negociación del tratado. El pago final al gobierno francés tuvo lugar en 1883 con Haití habiendo pagado más de 90 millones en concepto de indemnizaciones a sus antiguos “dueños”. El gobierno francés desembolsó mucho menos que esa cantidad a los propios colonos. Para financiar los pagos de las indemnizaciones y los primeros préstamos, Haití se endeudó en más de 160 millones entre 1875 y 1910. Más de la mitad de ese dinero se devolvió a los bancos en comisiones, tasas y pagos de intereses.

En 1915 comenzó el siguiente capítulo de la historia de Haití. Ese año, Estados Unidos lo invadió en respuesta a la “inestabilidad política”. La ocupación militar duraría hasta 1935, de esta forma se puso fin a la competencia de las grandes potencias europeas sobre la república. La época de las grandes potencias había consistido sobre todo en la diplomacia de las cañoneras y la extracción de concesiones comerciales o reparaciones con un pretexto u otro. Durante la ocupación, los bancos estadounidenses se hicieron con el control del sistema financiero y las instituciones de Haití. El National City Bank de Nueva York (conocido hoy como Citibank) adquirió una participación de control en el Banco Nacional de Haití en 1919. Todas las deudas pendientes de Haití con los bancos franceses fueron adquiridas por el National City Bank en 1922. Los pagos del servicio de esas deudas, iniciados en 1825, continuaron hasta 1947, es decir, tardó 122 años en pagar su deuda de independencia. El mismo año en que los nazis pagaron por sus crímenes, incluida la esclavitud, en Nuremberg, Haití seguía trabajando para pagar en efectivo la libertad que sus padres fundadores habían ganado con sus vidas.

Las razones que esgrimió Estados Unidos para justificar la invasión fueron desde lo estratégico, militar y económico, hasta lo humanitario. La segunda ocasión en la que los Marines estadounidenses desembarcaron en Puerto Príncipe fue en septiembre de 1994. Tampoco podemos olvidar que tras el terremoto que asoló Haití en el 2010 Barack Obama envió tropas al país aduciendo motivos humanitarios. Durante ese desastre aviones con ayuda y voluntarios de Médicos Sin Fronteras y Cruz Roja, entre otras organizaciones no militares, fueron desviados a la vecina República Dominicana.[1]

Al estudiar las relaciones históricas entre Haití y Estados Unidos logramos comprender que el aislacionismo que supuestamente caracteriza a Haití no es más que una creación europea y estadounidense para justificar sus acciones. Uno de los motivos del gran interés que despierta es que un país indispensable para garantizar el acceso más rápido al Canal de Panamá a través del Pasaje del Viento. Este pasaje es compartido entre la costa este de Cuba y la costa haitiana.

Por tanto podría decirse que Francia arruinó Haití con la complicidad de los demás países y que la inestabilidad y pobreza actuales son debidas a Estados Unidos y sus intereses allí.

 

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