La imagen supuestamente más engañosa de todos los tiempos

Existe una fotografía muy polémica y que en su día dió mucho que hablar. Es una fotografía muy impactante en la que aparecen una niña agachada y un buitre. Es esta.

El autor es Kevin Carter, un fotógrafo muy particular por varios motivos. Pertenecía a un colectivo de fotógrafos sudafricanos llamado Bang-Bang Club que se hizo famoso por ser los profesionales más comprometidos en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. Y que tenían una manera muy particular de trabajo, al cubrir el apartheid ellos disparaban sus cámaras y desaparecían, la velocidad era una de sus señas de identidad.

Sin embargo la foto que le dió el premio pulitzer a Carter no fue sobre su tema estrella. Fue por esta fotografía que cubría una hambruna en Sudán. Kevin Carter acompaño a un grupo de la ONU que fue en avioneta a repartir alimentos a una aldea, estuvieron media hora, él aprovechó para tomar fotografías. Era su primera vez en una hambruna y vio la escena, se acercó despacio para no espantar al buitre e hizo la foto. Su compañero Akio Fujiwara dice que Kevin le dijo que posteriormente a la toma de la foto espantó al buitre.

La foto fue un tremendo éxito, fue reproducida, premiada y… criticada hasta la saciedad.

Se acusó a Kevin de no hacer nada, de aprovecharse de la desgracia, de ser el hombre blanco arrogante y dominante que sólo observa… y de muchas cosas más.

Fue uno de los primeros casos de lo que hoy se llama el movimiento “woke”.

Kevin terminó suicidándose, pero no fue directamente por estas críticas, su mejor amigo también fotógrafo murió en un conflicto y él tenía problemas con las drogas.

Unos fotógrafos españoles, que estuvieron en las mismas aldeas en los mismos días de la icónica foto, dijeron que en realidad el sitio donde se hizo la foto era el muladar de la aldea, es decir, el sitio donde se tira todo lo que no sirve a la aldea y donde los chiquillos van ha hacer sus necesidades. Los buitres no comen niños vivos, pero si que se comen lo que los humanos deshechan. Además según Fujiwara los padres estaban a escasos metros de la escena recogiendo el maiz que la avioneta transportaba y descuidaron unos minutos a sus hijos.

Años después fueron a investigar que había sido de la niña, que resultó ser en realidad un niño, encontraron a su padre, este reconoció al niño e informó de que no murió en ese momento, lo hizo muchos años después de una fiebres.

Esta historia nos debería enseñar varias lecciones, que los fotógrafos son testigos que denuncian con sus capturas de realidad, que está realidad está siempre “acotada”, que es muy fácil completar la historia con nuestros prejuicios y que siempre es más fácil criticar que actuar.

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